Cuestión de fe

Ilustración de Sergio Membrillas


Barcelona se ha convertido en un enjambre de credos: es la provincia del país con más templos a religiones minoritarias. Entonces, ¿por qué todavía la mayoría de estas doctrinas permanece oculta? ¿Hay vida más allá del cielo?

¿Serías capaz de aceptar la disciplina estricta?”. Malpensados. Pillines. No se trata de ese tipo de artículo. No se trata de algo CARNAL, sino todo lo contrario. Esta pregunta tiene que ver con otra cosa: es un test religioso. Me estoy sometiendo a un test religioso que me ha proporcionado una de las múltiples confesiones que ofrece la ciudad. Múltiples, he dicho. Más de una. Tras las iglesias, las fiestas de guardar y los santos que se cumplen a rajatabla, nuestro entorno se ha ido convirtiendo en un espacio de enorme variedad religiosa, mucho más de lo que jamás podríamos haber pensado. Y es que amar al prójimo, pensar en el alma, el después de la muerte, qué pasó con trascender más allá de la vida no son preguntas que sólo responde Benedicto XVI. (Nota al lector: que las responda o no, a criterio de cada cual).

Tradicionalmente, en España, Catalunya y Barcelona, hemos obtenido respuestas religiosas a la mayor parte de estas preguntas a través del catolicismo. ¿La vida? Transcurre mientras evitas los pecados y confesiesalos a tu párroco. ¿Muerte? Un estado transitorio tras el que se llega a una vida eterna plácida (cielo) o a una pesadilla sin fin dónde expiar las faltas (infierno). ¿Amor? Dentro del vínculo matrimonial o castidad forzada. Todos sabemos lo que es un bautizo, una comunión o una boda por la iglesia. Algunos lectores incluso habrán acudido a cataquesis y (unos menos) habrán hecho la confirmación.

Los datos
Pero…¿y qué más? Sí. ¿Qué más hay? Más allá de la tradición católica, la multitud de iglesias, catedrales y ritos apostólicos, según el Observatorio del Pluralismo Religioso, Catalunya se ha convertido en la comunidad con mayor cantidad de templos de religiones minoritarias de España, y Barcelona encabeza como primera provincia de todo el estado. La diversidad religiosa se puede medir arquitectónicamente. Catalunya concentra: 131 mezquitas y oratorios musulmantes, 169 iglesias evangélicas y 95 salones del Reino de los Testigos de Jehová. Además, solamente en la ciudad de Barcelona hay ocho capillas de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, ocho templos budistas, y seis sinagogas.

Pero si esto les parece mucho, en cuanto se amplía el listado a los lugares de culto -y no únicamente al centro estrictamente religioso-, la perspectiva en Barcelona es espectacular. Si un lugar de culto es un espacio para prodigar la religión y sus ritos, pero no necesariamente el lugar registrado de una confesión religiosa, el tema se amplía considerablemente, especialmente en lo que se refiere a uno en concreto: la provincia contiene 458 lugares de culto evangelistas, la mayor parte de ellas ubicadas alrededor del cinturón industrial de la ciudad de Barcelona (Cornellà, Sant Adrià del Besos, Hospitalet del Llobregat, Terrassa y Manresa…). Cuatrocientas cincuenta y ocho. Pero hay más, y de todo tipo: iglesias adventistas, templos budistas, hinduistas y hasta cienciólogos (dos, en concreto).

Ilustración de Sergio Membrillas

Religiones en alza
Y es que la pluralidad religiosa en Barcelona es uno de los factores menos conocidos, pero más reveladores del cambio radical que se ha producido en la sociedad catalana en los últimos treinta años. La llegada de inmigración procedente de paises dónde la confesión mayoritaria es el Islam da, como evidencia, la aparición de mezquitas a lo largo y ancho de la provincia. Eso no es novedad. Pero más allá de lo que ya se ha tratado en infinidad de medios y estudios sociológicos, hay una serie de doctrinas religiosas en Catalunya que permanecen prácticamente en la oscuridad.

Es el caso de la fe evangélica: su llegada es similar a la de la religión musulmana, pero con una potencia muy superior.  Ahí están los más de cuatrocientos locales diseminados por toda la provincia para atestiguarlo. El sociólogo Fortunato Mallimaci ya relataba el auge del pentecostalismo evangélico en Latinoamérica, aduciendo que la importancia de estas ramas del evangelismo se da en haber logrado una conexión sin precedentes con las clases populares. El evangelismo propone una salvación posible, y no rechaza el individualismo. De hecho, es precisamente la suma de esfuerzo individual y emoción de las iglesias evangélicas lo que parece conectar con la gente, y lo hace más acorde con el siglo XXI.

No hay más que ir a una.  Una sede en la Iglesia Evangélica de Filadelfia, en el corazón de la Gracia gitana me lo demuestra. El orador es un hombre alto, joven, fuerte y de buena complexión. Saluda a todos y cada uno de los fieles que entran a la congregación, sonríe, hace bromas y les interpela. Y eso solamente al entrar. En cuanto comienza la oratoria, la cosa adopta tintes de verdadero espectáculo: aquí se grita, se expía a través de la energía conjunta, se canta y, sobre todo, se narra. La Iglesia Evangélica ofrece historias de salvación, afán de superación a través del esfuerzo y todo lo que ha dejado de dar la fe católica: optimismo. “A Cristo se llega de muchas maneras”, me dice María Rayán, una adolescente. “Y El Culto es la mejor de todas”.

Otro caso igualmente notorio es el de los Testigos de Jehová, que está implantado en más de ciento veinte poblaciones en todo el territorio catalán. Según afirma el catedrático de religiones de la UAB Joan Estruch, “no hay ninguna comarca catalana sin un Salón del Reino”. Gran parte del arraigo de los Testigos de Jehová reside en su proximidad al catolicismo: los fieles creen en las Sagradas Escrituras de la Biblia, en Jehová como único dios y forman una fe jerarquizada. Por eso, el éxito para conquistar a parte de la población católica está en que es estrictamente cristiana. Además, poseen algo que el catolicismo ha perdido en los últimos años: el fervor de la conversión antes de que llegue el Apocalipsis, que según este credo, está a punto de llegar. La socióloga Katherine Twamley, especialista en religiones y costumbres de University College of London explica: “Un Testigo de Jehová cree en la prédica puerta a puerta, eso es algo que se ha convertido en un estereotipo tratado incesantemente en la cultura popular. Aún así, indica  una necesidad de salvar almas, una tarea por cumplir”.

Para todo aquel que entre en un Salón del Reino por primera vez, como el situado en la Verneda, lo primero que impacta, como un lugar de culto evangélico, es lo utilitario del espacio: un púlpito, mesas, sillas y luces fluorescentes. “Lo que importa es la prédica y la práctica religiosa”, explica Twamley. Rubén Fuertes, peruano residente en Barcelona desde 2001, sonríe pacientemente cuando me acerco a preguntarle. “Todos mis amigos de aquí quieren saber lo mismo. Primero me miraban raro, después hacían bromas sobre que si les querñian convertir y tonterías así…ahora ya me dejan tranquilo”, concluye.

La tranquilidad es precisamente por lo que aboga el budismo, que de las religiones orientales es la que más ha permeado en Catalunya. Solamente en la ciudad de Barcelona se encuentran nueve espacios para la oración y la meditación, todos en el centro o la zona alta de la ciudad. “El budismo está socialmente en boga en Europa desde los años setenta. La búsqueda de una espiritualidad libre, la comunión con la naturaleza han tenido, desde hace ya tres décadas, muchísima aceptación entre la clase media-alta. Por no hablar de que se convirtió en la religión cool a finales de los noventa en Hollywood”, dice con sorna Twamley.

Ilustración de Sergio Membrillas

Tradicionalmente oculta
Pero si hay un caso de fe religiosa fuera del radar para el gran público es la del judaismo. Pese a formar parte de con la arquitectura más emblemática de Barcelona -el barrio judío abarca el centro neurálgico que rodea la Plaza Sant Jaume- no parece haber quedado rastro semita en la actualidad. Parece. Desde finales del siglo XIV, cuando empieza la persecución activa de los judíos en Barcelona, hasta la actualidad, los practicantes que no iniciaron un éxodo camuflaron sus apellidos -la mayoría adoptando el topónimo local de su procedencia- y continuaron viviendo lo más tranquilamente posible.

En la actualidad, en Barcelona, hay tres comunidades judías: una judía ortodoxa, Chabad, una de tradición conservadora, llamada CIB, y una reformista, ATID, la más numerosa. La antropóloga y documentalista Sairica Rose, que realizó el documental “Rediscovering Sepharad” sobre las raíces judías en España para el Centre for Jewish History and Heritage Productions, explica la poca noción que tienen los barceloneses de sus propias raíces. “Me encontré con gente de treinta años que decía: ‘bueno, mi abuela encendía un candelabro extraño con velas los viernes por la noche y yo nunca supe porqué’. Ese es el nivel de ocultamiento de la propia fe que existía hasta hace ayer mismo”, relata.

La tradicional persecución por la fe judía y los prejuicios que a día de hoy siguen vigentes han dado paso a otros nuevos, que hacen que las sinagogas barcelonesas apenas tengan carteles que señalicen lo que son. “La gente aquí asocia a los judíos de la diáspora con el gobierno asesino de Israel”, explica Rose. “Así que las medidas de seguridad son muy altas”. Así lo demuestra la sinagoga de la calle Avenir: adusta, rigurosa, discreta, ni la ves al pasar. Diversidad religiosa, sí. Pero aún con prejuicios en la mirada del paseante.

La polémica ciencióloga
Barcelona cuenta con dos centros dedicados a una de las prácticas que más titulares han dado en los últimos tiempos: la cienciología. Adquirió a mediados de los años noventa notoriedad por ser la doctrina preferida de algunos famosos -entre los más fervorosos se cuentan Tom Cruise, John Travolta o Beck-, y está considerada en diversos países europeos como una secta peligrosa (Francia). En Bélgica, Alemania e Italia la Iglesia de la Cienciología ha sido condenada por estafa y  se la considera una  organización financiera algo oscura. En cualquier caso, ofrece cursos de autoayuda y mejora personal a precios altos y se define como “una filosofía religiosa aplicada”. Según la cienciología, el orígen de los males personales tiene que ver con una memoria traumática  de la invasión de extraterrestres en la Tierra hace quinientos millones de años. Las almas de estos extraterrestres siguen pegadas a los humanos, condicionando sus actos.

El candidato a cienciólogo debe pasar un test de personalidad para que la Iglesia compruebe si es apto y suficientemente competitivo para la práctica. A partir de entonces, se  siguen los preceptos marcados por L. Ron Hubbard de manera estricta. Esto incluye la auditación, una especie de consejo o comunicación con un ministro cienciólogo que fomenta la espiritualidad, el entrenamiento y estudio de la doctrina cienciológica y las ceremonias religiosas comunes a otras creencias (bautismos, bodas y funerales).

La implantación en España de la Iglesia de la Cienciología data de 1983. En el año 2005 el Ministerio de Justicia negó su inscripción en el Registro de Entidades Religiosas, pero un fallo de la Audiencia Nacional en 2007 le dio la posibilidad de acreditarse como confesión religiosa. En la actualidad, cuenta con catorce lugares de culto, 3 de los cuales están ubicados en Catalunya.

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