Helados con Gràcia


Dar un paseo por Gràcia tiene más alicientes que disfrutar de su arquitectura y sus bulliciosas plazas, especialmente en verano. La cantidad de heladerías artesanas por metro cuadrado de la Vil.la la convierte en el destino ideal de los fanáticos del dulce. Os proponemos nuestros sitios favoritos, la especialidad de cada uno de ellos y un plan añadido para que parezca que el helado es solo una parte del plan, y no el plan en si, y así disimular el vacaburrismo veraniego.

Ottimo
Caroline es originaria del sur de Francia y hace tres años tuvo la suerte de convertir una de sus grandes pasiones, el helado, en su modo de vida. En su local de la Plaça de la Vil.la de Gràcia (Rius i Taulet de toda la vida), una antigua droguería de mediados del siglo pasado, se produce la magia en forma de helado de marrons glacés, de galletas de canela, de dulce de leche, de Snickers (cacahuete con chocolate y caramelo) o sorbetes de melón, sandía, maracuyá o frambuesa.
La especialidad: El helado de violetas, hecho a base de los caramelos que más gustan a las abuelas, y el de amapola.
El plan: Visitar la pequeña exposición de gegants i capgrossos de l’Ajuntament de Gràcia.

La irresistible oferta del Ottimo

Gelateria Italiana
Aunque hace un par de años sus propietarias originales vendieron el local, las recetas de los helados y sorbetes siguen siendo exactamente las mismas. El tiramisú (ese sabor y esa textura no son de este mundo), la avellana, el plátano y el yogur con moras son algunos de los responsables de las colas que se forman cada tarde –y noche- en su establecimiento.
La especialidad: El helado de chocolate puro. Cuenta la leyenda que la receta la inventó el bisabuelo de las antiguas propietarias cuando su mujer, embarazada, se despertó una noche con antojo de helado de chocolate -que, casualmente, se había terminado– y él tuvo que añadir mucho más cacao a la masa para conseguir que se helara antes. Al día siguiente puso el sobrante a la venta y se convirtió en un éxito.
El plan: Ir a ver una película a los cines Verdi o Verdi Park y “de paso” (ejem) ir a buscar un helado. Aunque encontrar sitio en la terraza y tomarse el helado en la plaza Revolució ya debería contar como plan en si.

TomoII
Helados, batidos, horchata, granizados, brochetas de frutas con chocolate y pasteles: es difícil decidirse entre los protagonistas del delicioso escaparate de TomoII. Además de los sabores que puedes encontrar en su vitrina (varios tipos de chocolate, increíbles sorbetes frutales e incluso una variada oferta de helados dietéticos) aceptan encargos personalizados de sabores como gorgonzola, caqui, crema de setas o de foie micuit.
La especialidad: El helado de mel y mató y el de crema catalana. Dos sabores locales convertidos en delicia helada.
El plan: A partir de las 18:00, tomar un cóctel por menos de 6 euros (menos de 5 de domingo a jueves) en Tournesol (c/ Vic, 11).

La variedad del Tomo II

Amorino
Auténtico helado artesano creado por dos amigos italianos cuya máxima es “hacer los mejores helados de la forma más artesanal posible”. Su pasión por el producto que preparan es tal que sus trabajadores reciben una formación en el arte de tratar y servir el helado, y sus cornettos en forma de flor son un regalo también para la vista.

La especialidad: sus deliciosas focaccinas, una especie de brioches rellenos de helado y calentados en una plancha, para crear una irresistible combinación de texturas, sabores y temperaturas.
El plan: Acercarse a ver la Casa Vicens, diseñada por Gaudí, en la calle Carolines número 24.

Cucurucho servido con amor

Bo de vici
Helados y yogures ecológicos certificados para demostrar que ponerse hasta las patas es perfectamente compatible con llevar un vida saludable. Helados increíblemente cremosos pero hechos con leche de soja, para intolerantes a la lactosa, galletas sin gluten para celíacos y sabores poco frecuentes como el del yogur de leche de cabra son algunos de los puntos fuertes de esta marca 100 % gracienca.
La especialidad: El helado de queso fresco de cabra. Un poco más sabroso que el queso fresco convencional, nada empalagoso y con una textura increíble.
El plan: Ver una obra de teatro, un espectáculo de magia o un monólogo en el Teatreneu.

Cremosidad de vicio

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