De amarillo o en pelotas…
Lectura recomendada
“Marca Barcelona” es un intersantísimo informe sobre el diseño exportable y la etiqueta “Barcelona” de Xavi Sancho con fotos de Caterina Barjau que podéis leer en el número 2 de Barcelonés

Instrucciones para la ola amarilla. Un prodigio sincrético que reúne todo aquello por lo que la ciudad debe sentirse orgullosa: participación ciudana, instrucciones del Ayuntamiento y el mejor diseño gráfico
La cuestión es figurar. Lo sorprendente no es el afán de los barceloneses por batir récords de esa variante de seguidismo ovino eufemísticamente llamado “participación ciudadana”, sino la implicación activa –casi coercitiva– del Ayuntamiento para promover movilizaciones en masa entre los bienintencionados vecinos.
La última “cita ineludible” para el barcelonés de pro, comprometido con la causa publicitaria de la ciudad, e impulsada por el consistorio tendrá lugar este jueves, de amarillo y con otro rebaño, otramente llamado pelotón: el del Tour de Francia, que pasará por Barcelona –esa gran ciudad francesa– después de 44 años sin hacerlo.
El reto de récord consiste en formar la mayor ola amarilla conocida, 13 kilómetros de cartulinas al aire levantadas por 450.000 disciplinados ciudadanos al paso de los esforzados –y bien medicados– ciclistas por las calles de la ciudad.
Resulta muy difícil establecer el punto exacto en que Barcelona –o mejor dicho sus fuerzas vivas– quedó poseída por la ambición de ser el “algo más algo del mundo”. Tal vez todo comenzara con Samaranch sentenciando que los Juegos Olímpicos del 92 fueron los “mejores de la Historia”. Seguramente nos lo creímos, porque lo cierto es que desde unos años a esta parte no hemos dejado de sentirnos como “la millor botiga del món”, “la capital del diseño”, la ciudad donde la gente se despelota más rápidamente, la ciudad más a favor del amamantamiento , o la ciudad donde más gente persigue a un autobús a “ritmo de samba, capoeira, salsa, tango, flamenco y batucada”.
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Esa inquietante voluntad del Ayuntamiento por ejercer de animador sociocultural debería hacernos pensar si tal vez los barceloneses no seremos en realidad más que un grupo de jubilados faltos de estímulos, unos abueletes incautos convocados a una barata excursión con merienda incluida para enseñarnos cosas que no nos interesan y vendernos un colchón que no necesitamos.
Está claro que todo hoy se vende y se mide de acuerdo con las tarifas publicitarias y los índices de audiencia, pero ¿necesita Barcelona de las técnicas del márketing para encontrar su lugar en el mundo? ¿Se puede justificar el secuestro oficial del centro de la ciudad y una inversión –un millón de euros en operativo logístico y medio millón más para la organización de la carrera francesa– para traerse el Tour con las cuentas de la lechera de ESADE –30 minutos de emisión por 92 canales de televisión en todo el mundo igual a un impacto publicitario de 30 millones de euros? ¿Barcelona para los barceloneses, Barcelona plató o Barcelona marca universal?





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